Carta a nadie ( Julian de la Cal )

Valencia, a 18 de abril de 2020
Buenos días señoras y señores del gobierno:
Hoy he recibido la alerta en mi smartphone de una noticia, la cual dice que han destinado
ustedes 547.512,05€ del presupuesto de gasto público al sector ecologista para el
proyecto PreceCo. Dicha iniciativa estará gestionada por la organización WWF, quién se
encargará de iniciar un estudio que consiga dar con la fórmula de reducir los daños
producidos por el conejo en las explotaciones agrícolas de gran parte de la península,
destacando las comunidades de Castilla-La Mancha, Castilla y León, Aragón, Andalucía,
Navarra, Madrid, Cataluña, Valencia y La Rioja como las más afectadas.
La primera duda que me asalta al conocer esta noticia es si realmente creen ustedes que
esta es la mejor fórmula para conseguir encontrar una solución a esta situación o
simplemente es que ya ha llegado la hora de pagar los apoyos electorales.

Como los ciudadanos sí somos personas honestas, honradas y actuamos de buena fe y
corazón, voy a querer creer que es cierta la primera de las premisas enunciada y que no
conocen ustedes otra fórmula, porque me parecería vergonzoso, deshonrado y propio de
un gobierno despótico y tirano que prefiere afianzar los clavos de su silla al suelo de los
6.000 €/mes antes que salvar vidas, el que conociesen otra solución que no costase
dinero, pudiendo invertir este en algún que otro menester que habrá en una situación como
la que estamos viviendo, donde las vidas de los ciudadanos que han sostenido este país
en sus horas más bajas están en juego y, desgraciadamente, van perdiendo las partidas.
Señoras y señores del gobierno, soy un joven de 28 años y soy cazador.

Soy cazador como lo fue mi padre y mis tíos, y mis abuelos, y los padres de mis abuelos y varias y
varias generaciones. Ellos me enseñaron el buen hacer en el campo, el respeto a la
naturaleza, a mantenerla limpia y a respetar las vedas y épocas de cría. Algunos dirán que
solo es un ejercicio de egoísmo para poder seguir cazando, pero, aunque así fuere, somos
nosotros, los cazadores, los que nos encargamos de mantener limpios los montes, llenos
los bebederos y comederos, sembrados los campos improductivos para el consumo…

La caza es para nosotros mucho más que un deporte, es un modo de vida que aporta
cuantiosos beneficios económicos a las arcas del estado en forma de turismo cinegético,
de obtención de licencias y permisos, de compra de munición, ropaje y utensilios varios, de
consumo de combustible, de consumo en los bares de los pueblos para desayunos,
almuerzos y comidas, en forma de hospedajes… un sinfín de formas que durante muchos
años han ayudado al mundo rural que tan olvidado y maltratado tienen ustedes y han
tenido sus predecesores, tratando a las gentes de aldeas y pueblos como ciudadanos de
tercera, como circo de verano de los señores de la ciudad.

La caza ha sido, hasta hace bien poco, la solución para situaciones de daños en las
cosechas, como lo es esta que nos atañe, provocada por el conejo. No hace mucho que la
WWF, organización que gestionará la mentada partida económica, apuntaba la necesidad
de incluir al conejo (especie incluida en la lista “100 de las especies exóticas invasoras
más dañinas del mundo”) en el Libro Rojo, para especies amenazadas. En cambio, ahora
recibe una partida económica para iniciar un estudio que dé con una solución… Es tan
enrevesado y estúpido que me niego a volver a mentarlo.

Las sociedades de cazadores de pueblos y provincias siempre han tendido el hombro
para, con las técnicas y métodos correctos, disminuir la población de estos lagomorfos
hasta cuotas asequibles para una correcta convivencia con la agricultura sin costar ni un
céntimo. No obstante, desde los sectores ecologistas, y en concreto desde sus vertientes
más extremistas, se mira con recelo y odio la caza, actividad que se está viendo
denostada y coartada con el paso de los años, reprimidas sus libertades, y a la que se le
está continuamente exigiendo a la par que dejando de conceder.

Hemos visto cómo las soluciones para el control de población de especies salvajes, como
el caso del jabalí en Cataluña, han fracasado estrepitosamente, habiéndose generado un
gasto inútil en lugar de dejar esta actuación a las federaciones de caza para que
gestionaran y organizaran batidas, de forma controlada y eficaz. La explicación es tan
sencilla como haber entregado la responsabilidad de cuidar de la naturaleza a quien no la
conoce ni la respeta, porque: ¿qué saben de la helada invernal o de la sequía estival?
¿Cuántas veces fueron con tractores a llenar balsas en verano para ganado y fauna
cuando la sequía aprieta tanto que causa la muerte de los animales? ¿Cuántos días de frío
y nieves fueron a romper las capas de hielo de estas balsas para que bebieran los
animales? ¿Cuántos campos perdidos recuperaron para alimentar a la fauna con la
siembra de cereales y cuántos majanos construyeron para proteger a los animales de sus
depredadores? La historia es la misma y el veredicto el de siempre… el dedo del médico
no cambia y el culo le vuelve a escocer al mismo.

Medio millón de euros habría supuesto muchísimos EPI para los profesionales que hoy en
día pelean en primera línea de fuego, muchísimos respiradores para nuestros abuelos que
están teniendo el más injusto e indigno final, e incluso muchas ayudas para esas familias
que se han quedado sin trabajo, esos autónomos que han tenido que bajar la persiana. En
definitiva, medio millón de euros habría servido para muchísimo y gracias a ustedes no va
a servir para nada, bueno sí, para llenar los bolsillos de aquellos que no consiguieron lo
que electoralmente esperaban.
La caza no es perfecta, porque el cazador no lo es, por eso se trabaja diariamente desde
las diferentes federaciones y clubes de cazadores para mejorar nuestras actuaciones,
siempre conscientes de las realidades de cada momento y las necesidades de agricultores
y ganaderos.

Por favor, téngannos en cuenta, olvídense de ideologías y políticas, nosotros siempre
tenderemos la mano a aquellos que nos respeten y respeten la naturaleza y nuestro modo
de vida.
Atentamente,
un cazador.